Fúquene o el fracaso en el manejo de humedales

Editorial

Por: Elespectador

Tomado de elespectador.com mayo 01 de 2011

http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-266325-fuquene-o-el-fracaso-el-manejo-de-humedales

GRAN PARTE DEL PAÍS ESTÁ inundado. Por eso, lo que ha sucedido en el valle de Ubaté sólo suma a la percepción de calamidad generalizada.

Pero la situación de San Miguel de Sema sería suficiente para declarar el estado de tragedia. Los impactos económicos y sociales son de un orden nunca visto. Después de la atención a la emergencia, el primer paso para una solución sostenible sería un adecuado entendimiento de lo que allí sucedió. Un poco de historia podría servir para no repetirla.

Las reflexiones que se desprenden del estudio “Humedales Altoandinos frente al Cambio Climático”, de la Fundación Humedales, financiado por Ecopetrol y que recoge e interpreta la investigación adelantada por esta institución desde hace 10 años con el Instituto Alexander von Humboldt y el Incoder, entre otros, son relevantes para el país a recuperar antes de que vuelvan a subir las aguas. Porque el fracaso no es sólo de la CAR sino, con ella, de toda la sociedad. No sólo han colapsado los jarillones, las lecherías y la economía regional, sino una forma de ver y tratar de dominar los humedales.

Lo primero que llama la atención es el deterioro de la cuenca de Fúquene. El 75% de su cobertura vegetal son potreros ganaderos o cultivos de papa. Más grave es saber que entre 1987 y 2005 se han perdido 1.200 hectáreas anuales de vegetación protectora. En las últimas décadas el uso del agua en la cuenca se ha incrementado y el caudal medio del río Ubaté ha disminuido en un 47%. El nivel del agua en la laguna ha disminuido en al menos dos metros en los últimos 40 años. A diferencia de este año de inundaciones, la percepción en la región sobre el agua es de creciente escasez. La calidad del agua es pésima, pues ninguna de las plantas de tratamiento de la cuenca funciona al 100%. Aguas que esparcidas hoy representan un importante riesgo para la salud pública. El fracaso de la autoridad ambiental en la cuenca es evidente.

El segundo fracaso, con raíces más profundas, es de toda la sociedad y tiene que ver con los límites artificiales que se le han impuesto al sistema lago-humedal, mediante la construcción de jarillones y canales. Esto no sólo ha favorecido la apropiación y consolidación de lecherías en las tierras ahora aledañas, sino que ha aumentado la vulnerabilidad del sistema económico ante los extremos climáticos. Además, literalmente ha asfixiado la vida de la laguna. Hacia 1900 el área de la cuenca era de 19.300 hectáreas. La mayoría eran pantanos. En los últimos 40 años la vegetación acuática ha disminuido el espejo de agua de la laguna a un 23%, situación que incrementa la pérdida de agua y reduce su calidad. Estos cambios habrían generado una disminución del 50% en la capacidad de almacenamiento de agua de la laguna en los últimos 50 años.

Entre 2004 y 2008 la producción pesquera de Fúquene se redujo en un 40% y hoy, prácticamente colapsada, ha generado severos efectos sobre la seguridad alimentaria y los derechos básicos de la comunidad local. Es evidente que el actual esquema de manejo que pretende controlar las aguas con jarillones y liberarlas a través del canal perimetral hacia el río Suárez no es el adecuado. Tampoco lo es el dragado, que es económicamente inviable y sería el golpe final a la vida de la laguna.

El asunto no es restaurar la laguna antigua —los cambios son en gran parte irreversibles—, sino encontrar un límite al aumento de vulnerabilidad del sistema social y ecológico y llevarla a un estado estabilizado y equitativo. Para ello la autoridad ambiental debe cambiar la visión de Fúquene, de un distrito de riego ineficiente y riesgoso, a un sistema ecológico de lago y humedal multifuncional. La CAR debe asumir su función de autoridad ambiental de una laguna con una superficie, volumen y caudales suficientes para que sea social y ecológicamente sostenible. Porque si hoy vemos unas tierras inundadas por la laguna, no debemos olvidar que en una buena parte del valle lo que hay es una laguna inundada de potreros. Sus espasmos hídricos serán cada vez más costosos para la sociedad.

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