EL DESAFÍO DE LAS ÁREAS METROPOLITANAS EN UN MUNDO GLOBALIZADO. UNA MIRADA A EUROPA Y AMÉRICA LATINA

SEMINARIO INTERNACIONAL CELEBRADO EN BARCELONA EL 4, 5 Y 6 DE JUNIO DE 2002

 

INTRODUCCIÓN

La fotografía aérea nocturna de la Tierra permite al mundo tomar conciencia de sí mismo, a partir de una visión exterior nunca antes experimentada. En efecto, se había percibido el “planeta azul”, pero no los habitantes que pueblan su territorio. En la fotografía aérea nocturna se aprecian distintos modelos de ocupación del territorio, fruto de la variedad de paisajes y de su historia particular. Mientras los grandes desiertos producen un modelo de asentamientos humanos similar, con una muy baja densidad de población, en otras áreas del mundo aparecen modelos diversos. Por lo tanto, quienes se dedican a la ordenación  el territorio deberían tener en cuenta esta visión del espacio.

Cuando yo nací, y con ello doy pistas, en el mundo había dos mil millones de habitantes. Antes de morirme, he visto un mundo de seis mil millones. Durante este corto tiempo la Humanidad se ha triplicado, por lo que no es de extrañar que las áreas urbanas hayan sufrido transformaciones tan profundas. Pero este simple dato estadístico no siempre es tenido en cuenta en la planificación territorial.

Desde hace tiempo se intenta hacer una interpretación de la evolución de los asentamientos urbanos. Sin embargo, no se consigue plenamente porque los modelos de ocupación del territorio se analizan a partir del concepto de ciudad, cuyo origen hay que buscar en la Antigüedad. Por ello, no comparto la idea de la ciudad de ciudades, aun respetando que esta conceptualización provenga del fenómeno de conformación de un territorio en red, como nos señala acertadamente Gabriel Dupuy.

La física enseña que los átomos se forman por la unión de partículas elementales, mientras que los átomos constituyen moléculas. No hay átomo de átomos, ni molécula de moléculas. Las moléculas se agrupan en células y éstas en organismos pluricelulares. La teoría de sistemas enseña que hay distintos niveles de organización de la complejidad, por lo que necesitamos ser más imaginativos y no utilizar una única expresión, en este caso la ciudad. Quizás un día escribiré un libro que titularía “No pronunciarás el nombre de ciudad en vano”, con el objetivo de superar esta etapa. Quien se dedique al urbanismo debe tener en cuenta las reglas de la teoría de sistemas, o de lo contrario no va a poder  comprender nunca ni dominar el fenómeno de la expansión urbana.

En Catalunya, por ejemplo, conviven diferentes divisiones territoriales y administrativas: 4 provincias, 41 comarcas, 945 municipios. Una parte significativa de estos municipios tiene graves problemas para prestar los servicios adecuados. Sin embargo, se resisten a ceder su poder. Así, la institucionalización metropolitana encuentra la oposición de la administración local, pero también de la autonómica o regional. El área metropolitana de Barcelona representa el 70% de la población de Catalunya, por lo que se constituye en un poder demasiado fuerte para su territorio de referencia.

El concepto de urbanismo de las redes no es solamente una visión distinta del territorio, sino que es una visión distinta del reparto del poder, puesto que las redes introducen un factor absolutamente nuevo en este reparto del poder. Así, cualquier alcalde puede decir que es quien más manda en su municipio, pero sin casi poder oponerse cruzará su territorio una línea eléctrica de alta tensión o un gasoducto que viene de Argelia, o un tren de alta velocidad que han acordado autoridades de gobierno a otras escalas político-administrativas. Por lo tanto, esa superposición de poderes supone un desafío para los planificadores urbanos y gestores de política pública, así como para los investigadores como los que hemos reunido en estas jornadas para alimentar un debate que espero sea fructífero en respuestas.

Volviendo a mi planteamiento inicial, ya sabemos que no hay un átomo y medio, un átomo y tres cuartos, sino que un conjunto de átomos hace una molécula. Por lo tanto, el nivel de complejidad viene dado por esa diferencia de tamaño de poder de los municipios en un territorio metropolitano. No pueden ser estables, como tampoco lo son las áreas metropolitanas, de manera que habrá que buscar si son las comarcas o las regiones o los estados o la Unión Europea el marco apropiado de análisis e intervención, pero en todo caso hay que plantearlo.

Por otro lado, se debe distinguir la planificación de la gestión. Hay que tomar muchas precauciones en cuanto a la definición de los ámbitos y de los poderes para planificar. La planificación territorial es el punto de encuentro de distintos organismos, tanto de  organizaciones públicas como privadas, de los técnicos y los políticos, de las ONGs y de los poderes constituidos a sus diferentes niveles: estatal, regional, local. Para Catalunya proponemos que los planes de ocupación del suelo, que se llaman aquí planes generales de ocupación urbana, no deberían ser competencia de los municipios, como es el caso desde el año 1956, sino que deberían atribuirse obligatoriamente a una entidad de tipo comarcal.

Soy partidario del reparto del poder, pero hay que entender cómo funciona. Una serie de organismos con territorios cada vez más pequeños tiene su parte de poder, que evidentemente utiliza en sentido ascendente, pero que choca con los descendentes, originados en instituciones de ámbitos más amplios. Así, la planificación se convierte en una noria caótica, que unas veces gira en un sentido y otras en el contrario. Este panorama se complica si añadimos los poderes más difusos de las redes, que seguramente aún hacen trabajar más caóticamente esta noria.

Como consejo, mi experiencia me dice que es necesaria una mentalidad coordinadora, hay que tener conciencia de que estamos en una organización y una noria que rueda, de manera que es imprescindible la coordinación entre los diferentes actores. Si hay voluntad, la mayoría de los problemas que se plantean en Rotterdam, en Lima, en Santiago de Chile o en México, resulta que por lo menos quedan apaciguados.

Finalmente, esta mentalidad coordinadora requiere o es muy importante que tenga una visión sistémica, que se vea el mundo organizado sobre la base de complejidades de distinto orden, con sistemas, subsistemas y supersistemas. Eso contribuye extraordinariamente a resolver la mayoría de los problemas. Para acabar, habría que exigir la lealtad institucional. Unos organismos deberían ser leales con otros aunque estén gobernados por distintos partidos.

Todo lo que este encuentro nos pueda aportar queda sujeto no sólo a la voluntad y generosidad de poner en conocimiento de los demás nuestras experiencias y conocimientos, sino sobre todo de hacer de esta oportunidad el inicio de un camino de intercambio, complementariedad y debate con perspectivas de futuro.

 

Albert Serratosa i Palet

Presidente

Institut d’Estudis Territorials

 

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